UN ENCARGO

Como era habitualmente. 

Le entregaron el sobre sin mirarlo a los ojos. 

Pura rutina: nombre, dirección, hábitos, horarios. Solo otro encargo. Solo otro final limpio.

En el exterior aparecía el nombre del restaurante y el lugar donde dejaban aparcado el vehículo.

Era un lugar conocido para él. Su familia solía frecuentarlo.

Pero esto era sólo trabajo.  Había aprendido a no sentir, a no preguntar. 

Como tantos días cargó el arma con decisión, condujo hasta la dirección y esperó en la sombra, viendo la luz que iluminaba el callejón. 

Siempre esperaba hasta los últimos 10 minutos para observar la fotografía de aquellos a los que debía disparar. Lo hacía, simplemente, por salud emocional. 

Para no crear vínculos.

Y de pronto... se quedó paralizado. Absolutamente inmóvil. 

Cuando levantó la pistola, entendió por fin que no estaba allí para elegir entre su profesión o su devoción, sino para decidir cuál debía morir primero.... Si sus padres o él.

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