CONTRARIADO

 Se levanta antes del amanecer, prepara el desayuno, revisa la mochila de los niños, limpia la cocina y se despide con una sonrisa que pesa. Las mañanas son lugares de esperanza e ilusión.

 El día transcurre entre trabajos, llamadas, compras y gestos automáticos que ocultan lo que siente. Son demasiadas tareas para pensar en lo que sucede.

Llega la tarde y los deberes, y las cenas y de nuevo la larga retahíla de faenas.

Por la noche, cansada, se sienta en el borde de la cama y examina cada rumor de la brisa. Su cuerpo se tensa, el corazón le recuerda que lo que parece rutina podría convertirse en peligro.

Cierra los ojos y repite mentalmente que es solo la casa, solo el viento… pero sabe que no siempre es así. Puede que él... hoy... una vez más... vuelva a venir contrariado.

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