LA HABITACIÓN DEL FONDO

Cuando murió mi hermana mayor, aquella que discutía tanto con mamá, quedó prohibido entrar en la habitación del fondo del pasillo. Se cerró con llave. Para siempre. Era como si al girar definitivamente esa cerradura cerrásemos también una parte de nuestro pasado.

Pero ahora que mamá ya no está, hoy me atreví a abrirla.

La cerradura cedió con un chasquido seco.
Dentro, el aire era denso, caliente, húmedo... un aire que me golpea la cara. 

Algo se mueve dentro. Enciendo una linterna.

En un rincón, encogida, cubierta de polvo y de años me parece adivinar una figura humana. Una figura  miserable, sucia, arrugada y demacrada. Una figura que sonríe y en la que creo adivinar las facciones de mi hermana.

 

 

 


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