LEGÍTIMA HERENCIA

 Heredé, pese a las dudas existentes y las reclamaciones puede que legítimas de otros, toda la fortuna de mi padre junto a su excelsa biblioteca. 

Entre volúmenes antiguos y pergaminos olvidados, encontré una libreta de tapas gastadas. Al abrirla, descubrí nombres, fechas y lugares, meticulosamente anotados. 

Cada línea era un asesinato que él había cometido, un pago suculento que alimentó y engrandeció la riqueza familiar.

Mi pulso se aceleró. Estaba a punto de cerrar la libreta con un temblor que no podía controlar.

Pero entonces comprendí que había una última página en blanco.

Allí, con letras muy claras, se veía el nombre de mi hermanastro, quien me había demandado ante los juzgados por los bienes heredados. Al lado del nombre, un lugar y una fecha; el cenador del acantilado y mañana, viernes, al atardecer.

Fue entonces cuando comprendí todo. Como buen padre me dejó todo su legado. 

Cogí el teléfono para invitar a cenar a mi hermanastro mañana, viernes. 


Comentarios

Entradas populares