TURNO DE NOCHE
Cada noche, cuando apago la luz, los fantasmas aparecen en fila, perfectamente alineados a los pies de mi cama. No hablan, ni se quejan, ni se lamentan; sólo esperan órdenes.
Uno trae su cabeza en la mano, otro flota sin piernas, otro parpadea sin ojos, algunos sangran, otros sólo emiten lamentos...
Yo hago lo de siempre: paso lista.
“Uno… dos… tres…”
Y ellos asienten, disciplinados, como empleados exhaustos después de un turno eterno.
Con el tiempo entendí que lo único que temen es no ser contabilizados.
Así que los nombro y los dejo marchar antes del amanecer.
Siempre ha funcionado.
Pero esta noche hay un fantasma nuevo al final de la fila.
No se acerca. No se mueve. Sólo me observa.
Cuando le pregunto su nombre, extiende un papel amarillento.
Es claramente un contrato.
En letras negras, oscuras, sucias, angustiosas y temblorosas, puedo leer:
"Mañana comienzas el turno de noche".
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