ESTAMOS AQUÍ
—Mamá, mis amigos imaginarios están enfadados —dijo la niña mientras coloreaba—. Dicen que nadie de la familia les hace caso... que no os fijáis en ellos.
La madre rió, distraída, y siguió preparando la cena. Su hija tenía una imaginación desbordante.
Minutos después, al entrar en el salón, mientras había dejado a la pequeña en la bañera, pudo comprobar algo insólito. Los muebles habían sido desplazados con una fuerza imposible: el aparador bloqueaba la puerta, el sofá estaba de pie sobre un solo brazo, las lámparas colgaban arrancadas, aún balanceándose.
En el centro, el muñeco favorito de la niña aparecía sentado en la mesa, mirando hacia la entrada, con una sonrisa nueva pintada en la tela.A su lado, una frase escrita con letras torcidas:
“No nos ignoreis.”
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