TARIFA DE DESESPERACIÓN

Se que tengo una tarifa alta. Son muchos años de experiencia y siempre he destacado por mi profesionalidad. Intachable. Nunca nadie ha tenido la más mínima queja.

Pero ese hombre hoy, temblando frente a mi, sólo puede ofrecerme un reloj de pulsera y una cartera que apenas contiene 200 euros. 

Dudo que hacer. Si alguien se entera que me rebajo tanto perderá toda la credibilidad ganada en una larga vida de servicio. Puede que un novato acepte una oferta de ese tipo... está comenzando y tiene que labrarse un porvenir. Pero yo....

Le vuelvo a mirar a los ojos y aprecio en ellos el inmenso deseo que le posee. Algo en su desesperación me toca el alma y de pronto me invade un atisbo de humanidad que no esperaba sentir. 

Conduzco en silencio, el motor del coche va cubriendo los sollozos de agradecimiento del cliente . Finalmente, llegamos al descampado: la helada brisa juega a erizar la hierba seca. 

Me mira por última vez, y en sus ojos solo descubro gratitud y resignación. No estoy acostumbrado a tanto afecto.

Con manos firmes, hago lo que debo, mientras su historia y su angustia quedaban suspendidas entre la bruma del amanecer. Finalmente, al lado del cadáver deposito la cartera con el dinero y le anudo el reloj a la muñeca...

Hoy me ha podido el sentimiento... me debo estar haciendo viejo. 

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