ESCONDITE
Desde que papá ha dejado de jugar al escondite conmigo, nada ha vuelto a ser igual.
Antes los pasillos se llenaban de risas y pasos apresurados; ahora, cuando cuento hasta diez, nadie se mueve, nadie aparece. Los rincones surgen silenciosos, y a veces creo adivinar sombras donde no debería haber nadie.
Cierro los ojos y me imagino que papá está detrás de la puerta, que saldrá corriendo a buscarme… pero cuando los abro, solo hay vacío y misterios alargados. A veces siento que algo me toca la espalda, tan leve que podría ser mi imaginación, pero demasiado real para ignorarlo.
Ahora cada noche me meto en la cama temblando, y escucho pasos que se acercan desde la oscuridad de la habitación.
Sé que alguien me está observando.
No es papá.
Y ya no estoy seguro de querer que venga nadie a jugar al escondite.
Comentarios
Publicar un comentario