POETA

 Cada palabra que decía brotaba de su piel para dibujar una estampa hermosa y ensoñadora.

 Sus manos dibujaban versos en el aire, su risa llevaba ritmo y cadencia, y sus pasos moldeaban estrofas invisibles sobre el suelo.

 Caminaba sin darse cuenta de que dejaba fragmentos de hermosura tatuados en la memoria de quienes lo cruzaban.

Y hasta el día que le llegó la maldita parca para buscarlo, el cielo dibujó una leve oscuridad que tiñó el campo de matices tenues. Él, generoso incluso en la agonía, regaló una última mirada preñada de ansias de belleza.

Y murió... y murió sin saber que era poeta. 

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