DISCUTÍAN

 Mientras sus padres discutían, él imaginaba qué haría en el futuro.
No pensaba en países ni en personas, sino en cosas simples: un trabajo tranquilo, una casa donde no se escucharan portazos, una mesa donde la gente hablara sin miedo a decir lo que siente. Miraba las sombras moverse en la pared, los gritos desaforados y las faltas de respeto, las amenazas, las voces siempre altas... y trataba de adivinar cuánto duraría esta vez.

Sabía que, al final, su madre se encerraría en la habitación y su padre saldría a fumar al balcón. Entonces él aprovecharía el silencio para preparar su mochila del día siguiente, doblando la ropa con cuidado, como si con ese gesto pudiera ordenar algo más que sus camisas, como si fuera capaz de arreglar tantas diferencias. Y en su silencio entendía que no debía ser un problema añadido a los muchos que latían en cada rincón de aquel hogar.

Y ahora, mientras los periodistas que abarrotan la sala de la Sala de Conciertos de Estocolmo en la entrega de los Premios Nóbel, no cesan en preguntarle que le llevó a estudiar Medicina y que le animó a dedicar una vida entera a la investigación de enfermedades que parecían imposibles de curar... solo piensa en cuando sus padres discutían y buscaba el refugio en la soledad del silencio... de un  silencio que nunca cambió las cosas.

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