LA VISITA
Ya no recuerda su nombre, ni el lugar donde nació, ni quienes son los que le acompañan, ni como debe actuar, ni a quien saludar... ni tan siquiera reconoce el lugar donde duerme cada noche.
A veces olvida incluso cómo usar una cuchara o como debe abotonarse la blusa.
Y los días pasan entre las sonrisas, tenues y entrecortadas, de las enfermeras y el devenir agónico del tiempo sin memoria.
Pero si sabe que esas tardes, cuando el anciano de la bufanda gris y el pelo blanco entra en la sala, sus ojos se iluminan completamente.
Sabe que se sentará junto a ella, la mirará... y el reloj de la sala se detendrá. No sabe realmente quién es él… solo sabe que su corazón, por un instante, parece recordarlo todo.
Y entonces... vuelve a estar viva.
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