CENA DE NAVIDAD

La cena navideña avanzaba entre villancicos y risas familiares. 

Carlos, mi cuñado, pasó la bandeja con los bogavantes y sus dedos rozaron los míos con un contacto que quemaba. Yo, no puedo negarlo, sentí un escalofrío que subía por mi brazo. 

A cada instante una nueva mirada furtiva sobre la mesa familiar... una furtiva mirada que era un pequeño desafío. 

Nuestras mujeres charlaban ajenas a la electricidad que nos envolvía, y la abuela servía la salsa mahonesa sin notar nada.

Luego vino el cordero y los postres. Y las risas de los suegros aumentaron con los detalles navideños de los más pequeños de la casa.

 Y entre villancicos y turrón, descubrimos que la verdadera tradición era la que nadie osaba nombrar.  Al levantarnos de la mesa, Carlos me invitó a salir al porche a fumar un cigarro. Yo había dejado de fumar hace diez años.

Pero esa noche volví a fumar y a recuperar lo que de verdad sentía. 

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