EL RIVAL
Estaba convencido, completamente seguro: si los cimientos eran lo suficientemente profundos, podría meter el mar entero en aquel hoyo. Lo había planeado todo el verano. Muchos veranos y muchos intentos. Pero hoy sería el día.
Palada tras palada, cada ola que caía parecía burlarse, escapando de sus cubos mientras él se retorcía de frustración.
Durante la obra inventaba leyes imposibles: “Si el agua entra en mi hoyo, todos los peces deberán obedecerme”.
Hizo un profundo y extenso hoyo y construyó un largo canal que la marea, al comenzar a subir, fue alimentando para desbordar de océano su creación.
Fue entonces cuando volvió a resonar, por tercera vez, la voz de su madre
—Ven a merendar.... y aléjate de la orilla.
Abrió la boca para protestar… pero enseguida comprendió que podría dominar a todo un océano pero que nunca sería capaz de vencer el poder de su madre.
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