UN BUEN HIJO
Sonaba lúgubre el responso del sacerdote mientras deslizaban la caja al interior del nicho.
Un último beso a mamá.
Luego vinieron los abrazos, el infinito transitar de aquellos que querían mostrar su condolencia.
Yo, firme y fuerte, sostenía con mis brazos a papá que lloraba desconsoladamente.
Tocaba mostrar fortaleza. Cuidar de la familia. Ser el sostén de todo. Asumir la responsabilidad.
Cuando todo acabó acompañé a mi padre al coche. Despacio, casi arrastrando los pies, pues apenas era quien de sostenerse. Yo, cuidadoso, lo guiaba como un lazarillo.
Y mientras le ayudaba a limpiarse las lágrimas comencé a idear un nuevo plan. Deshacerme de él sería mucho más sencillo y rápido... ella me costó bastante trabajo.
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