VERSOS INÚTILES

Cada noche, cuando ella dormía, él se sentaba frente a una hoja en blanco y empuñaba el lápiz como si fuera un arma. Hundía los ojos en el papel y garabateaba versos apurados buscando palabras que explicasen la razón que de verdad latía, escondida, en sus entrañas. Y de pronto despertaba en el lienzo puro y de un blanco virginal metáforas hermosas que se entremezclaban con anáforas arriesgadas y grandiosas hipérboles. 

Mas él, ajeno a la capacidad de expresar su sentimiento, acababa arrugando las cuartillas y arrojándolas a la lumbre de la chimenea que iluminaba la estancia.

Al día siguiente, al cruzarse con ella, apenas un saludo esquivo, una mirada leve, un rudo y corto diálogo.

Antes de marcharse a sus trabajos, el fingía no observarla, aunque su ojos siempre huían esclavos hacia sus manos, su sonrisa, su forma de moverse y llenar de luz la casa. 

Ella se despedía y solo quedaba el silencio. 

Y otro día más de derrota.... 

Torpe y bruto, seguía dejándola irse poco a poco de su vida mientras su corazón no dejaba cada noche de gritar los versos más hermosos que ella jamás escucharía.

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