LO PEOR

Lo peor no es el desorden. Ni las sillas movidas de sitio. Ni la mantelería que mamá guardaba celosamente en el cajón del aparador y que ahora está desperdigada por todas las habitaciones. Ni el olor a azufre y a incienso que llena toda la casa. Ni tan siquiera el desorden infinito ni el péndulo que no hay quien sea capaz de pararlo. Ni la campana que, como si estuviese en un ritual loco, no deja de sonar cada media hora...

Lo peor es como le explico a nuestros padres que hoy la abuelita se queda a cenar... Se queda a cenar después de haberla enterrado hace seis meses. 

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