PONER FIN
Ahora se acaba de quedar dormido. Relajado. La inyección ha tenido el efecto sedante que pretendía. Antes de cerrar los ojos, la ha mirado con una delicadeza extrema, con un amor antiguo y cansado, con una entrega silenciosa que parecía definitiva; y, sobre todo, le ha parecido advertir en su mirada algo muy semejante al agradecimiento.
Ella sabe que ahora debe descansar, intentar dormir un poco. Otro día más.
Mañana el alba será distinta, muy distinta...
Amanecerá sintiendo como puñales unos ojos ardientes de ira y dolor.
Los ojos que él tendrá cuando vuelva a despertarse y compruebe, una vez más, que tampoco hoy le ha administrado la inyección letal que no deja de pedirle para poner fin a su sufrimiento.
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