EL BESO DE UN IDIOTA

 El reino entero suplicaba: solo un beso despertaría a la princesa. Se había cumplido el plazo. La historia debía llegar a su final.

Todos observaban al altivo caballero que acaba de llegar más allá de las fronteras.

El príncipe miró a la doncella, suspiró y dijo moviendo levemente la cabeza:

—Mirad, llevo tres días de viaje, armadura oxidada, dragón chamuscado… y ahora queréis que bese a alguien que no conozco, que además lleva dormida un siglo y cuyo aliento se asemeja a los excrementos de una cuadra.

 El mago lo explicó por enésima vez:

—Solo un beso de amor verdadero podrá despertar a la princesa.

El príncipe se acercó al lecho, la observó… y volvió a  retroceder horrorizado.

—¿Amor verdadero? ¡Pero si apenas la conozco! Además, yo vine a heredar el reino, no a repartir besos a desconocidas malolientes y arrugadas.

Los ministros se llevaron las manos a la cabeza, el mago sufrió una crisis nerviosa y el reino entero contuvo el aliento.

Fue entonces cuando sucedió lo más terrible y que ha cambiado la historia para siempre.

Al momento la princesa abrió los ojos, se incorporó y le estampó un beso al príncipe en todos los morros, mientras el asombro general pasó a ser un enorme estupor que invadió la sala.

Fue entonces cuando el príncipe cayó dormido al instante.

El escribano grito alarmado:

-Majestad, no puede ser, el cuento debe tener otro final. Llevamos cien años esperando por lo que tenía que suceder.  

Y la princesa, ufana y orgullosa, no lo dudó:

-Pues ahora... ¡al infierno con el cuento!...Escribano, redacta otro donde un príncipe condenado a dormir un siglo será despertado por mofetas que le lamerán la cara y el cuerpo durante días...

Todos, asombrados, no podían dar crédito a lo que estaban asistiendo. Generaciones de historia borrados por el carácter de una princesa que no deseaba el beso de un idiota...


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