EL VIEJO POZO
El viejo pozo jamás aparecía en los mapas, pero todos sabíamos dónde estaba. Se decía que no tenía fondo, que si arrojabas una piedra nunca escucharías el golpe. Los adultos nos prohibían acercarnos, aseguraban que tragaba luz, sonido y recuerdos. Que era muy peligroso
Aquello, por supuesto, lo convirtió en nuestro lugar favorito. El reto era sencillo: asomarse, gritar nuestro nombre y esperar a que el eco lo devolviera. Quien recibiera la réplica más clara ganaba.
Cuando le tocó a Marcos, se inclinó más de lo necesario. Esperamos el grito, la risa, la piedra cayendo. Incluso esperamos que algo de él regresara.
Nunca hemos vuelto al pozo.Aunque por las noches, esas noches inmensas de invierno, nos parece escuchar la voz de Marcos pidiendo que regresemos.
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