SIN NOMBRE

Se rozaban solo al pasar, como quien no quiere dejar huella, pero cada encuentro incendiaba todo lo que no podía suceder. 

Hablaban de cosas pequeñas, de anécdotas, de la vida cotidiana, de la esencia más material... todo lo que sucedía entre ellos se medía para no delatar el temblor que sus cuerpos expresaban... y finalmente se despedían siempre a tiempo, con la educación intacta y el deseo virgen e impoluto.

El único exceso era aquel cigarrillo que compartían y en el que mezclaban las ansias, los deseos, los labios y los anhelos. 

 Nunca hubo promesas, ni proyectos, ni juramentos. 

No eran necesarios. Solo miradas que escribían amplios paisajes de ternura en el hermoso horizonte.

Nunca supieron como llamar a ese sentimiento. Nunca fueron capaces de encontrarle un nombre. 

Pero fue infinito y eterno.

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