AMANECERES
Durante el día actuamos como si nada cambiara.
Sonreímos, intentamos conversar alegremente y repetimos las rutinas con sabia precisión.
Pero por la noche, cuando la oscuridad se adueña del espacio, imaginamos huidas imposibles y destinos que solo existen en voz baja y en mentes disparatadas y atrevidas.
La ilusión se propaga como una fiebre: palabras extranjeras, paisajes inventados, amaneceres soleados. Nadie quiere ser el último en atreverse a huir.
Desde que el primero desapareció, nadie pregunta adónde fue.
Ahora solo contamos cuántos faltan cada día.
Comentarios
Publicar un comentario