EXTRAÑA DONACIÓN
El médico me asegura que la operación fue un éxito. Compleja, larga... pero un rotundo éxito.
Las cicatrices son limpias, los órganos funcionarán muy bien- afirma orgulloso.
Me sonríe como quien entrega un reloj completamente reparado y que se asemejase a uno nuevo.
Cuando intento mostrarle mi agradecimiento, no consigo emitir el más mínimo sonido. Balbuceo sin sentido, notando que algo me falla.
Él frunce el ceño, revisa el historial y palidece.
—Extraño —murmura, rascándose la cabeza—, juraría que la lengua estaba incluida en el trasplante.
Entonces es cuando consigo recordar al donante, firmando con dificultad aquel documento mientras estaba llorando sin articular palabra y sentado en en silencio hosco de aquella nave vacía... y comprendo, por fin, por qué su despedida fue tan breve.
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