LO URGENTE
El día que anunciaron que habían detectado una señal extraña desde el espacio, yo solo pensaba en no llegar tarde.
Revisé mi reflejo y mi cuidada presencia en el espejo del pasillo, intentando convencerme de que parecía una persona segura. No lo era.... para nada. Pero si que me mostraba muy decidido.
Guardé un pequeño regalo en el bolsillo —el detalle necesario— y salí a la calle, donde el aire parecía más frío de lo normal.
Las calles vacías sugerían cierta angustia y los semáforos parpadeaban como si supieran algo que yo desconocía.
Al llegar, dudé antes de llamar al timbre. Desde dentro se oía música baja.
Cuando la puerta se abrió, ella estaba sentada en el suelo, rodeada de libros, desconcertada... como si fuese una sorpresa mi visita
Entonces las luces de la estancia temblaron.
Una vibración intensa recorrió las paredes.
El aire se volvió denso, cargado de una presencia imposible, como si algo antiguo, ajeno y profundamente desconocido hubiera entrado en la habitación.
Durante un instante pensé en huir.
Pero recordé el anillo en mi bolsillo.
Me arrodillé, ignorando los susurros que empezaban a llenar la casa. Y simplemente recordé mi principio; en la vida hay que separar lo urgente de lo importante. Y el maldito Universo revuelto, por sabe Dios que visita extraña, no iba a arruinar mi ansiada pedida de matrimonio.
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