VIDA
Cuando cierro el estudio, apago también las voces.
Es una norma... decencia profesional: primero el ordenador, luego la cabeza.
Afuera, la ciudad, sigue viviendo mientras yo sigo ajeno a sus vidas
Trabajo dando personalidad a quien lo necesita.
Les pongo manías, frases recurrentes, una risa reconocible.
Los clientes pagan bien por esa ilusión. Es una forma paralela y no obligada de existir.
Esta mañana he diseñado una amistad perfecta para una niña.
Le gustaban los perros, odiaba las matemáticas, rapeaba y no estaba enganchada a las redes. Prometía estar siempre disponible.
Mientras ajustaba los últimos parámetros, pensé que parecía mejor que cualquier persona real que hubiera conocido.
Al enviar el archivo, me quedé mirando la pantalla en negro.
Durante unos segundos, tuve el impulso de crearme uno a mí. Solo para probar.
Solo para que alguien me preguntara, al menos una vez, qué tal me había ido el día.
Pero no sabría que responderle.
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