EL FIN

Sucedió de la forma más inesperada. En uno de esos encuentros fugaces, siempre apresurados, cuando coincidíamos desplazándonos al trabajo. 

Primero intercambiamos comentarios del tiempo y de nuestras familias. Luego algo sobre gustos literarios. 

Y finalmente llegó aquel día en que hablamos de lo que nos apasionaba la poesía y de mi manía cotidiana de escribir diariamente un poema.

A partir de ese instante, han sido cientos de tardes para tomar un café y satisfacer su necesidad de leer la media docena de versos que escribo cada jornada. Y debatimos sobre el poder de la palabra, sobre la solemne arquitectura de la sintaxis, del artificio que se crea con la gramática o de los silencios plenos que se conjugan.

Pero yo a esto no le veo mucho futuro. 

Por eso hoy le he asegurado que he tenido una revelación intelectual; que abandono definitivamente la poesía y escogeré otro género literario... posiblemente la novela erótica.

Porque yo... lo que quiero... en el fondo... es un buen revolcón. 

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