UNA VUELTA FALLIDA
La animada conversación se interrumpió un instante, como si alguien hubiera apagado el mundo. El reloj paró las manecillas.
Nadie comentó nada, nadie se movió, aunque todos apreciaron lo que estaba sucediendo.
Yo esperé una reacción, una mirada, una grieta en la normalidad... que alguien hiciera la pregunta que ardía sobre la mesa e impregnaba todo.
Pero al instante retomaron la conversación sobre asuntos triviales sonriendo con una naturalidad forzada: la lluvia constante de este crudo invierno, el precio del aceite, el peligroso poder de un necio presidente americano.
Intenté hablar. Fue en vano, sus voces se superpusieron a la mía, como si mi presencia fuera un error, como si de verdad no existiera.
Al levantarme para irme, vi sus ojos clavados en el vacío.
Solo habían pasado siete días.
Pero parecían estar todos completamente seguros de que yo no debía haber vuelto.
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