APRENDIZ
El hijo observaba a su padre, impecable en su traje negro, mientras colocaba silenciosamente la brillante pistola sobre la mesa.
—Hoy te enseñaré el oficio —dijo—. No es complicado: apuntas, sonríes y luego disparas. El cliente siempre recuerda la sonrisa y evita la angustia del dolor infinito del disparo. No debemos ser crueles. Esto es simplemente un negocio. Nos pagan y ejecutamos. No hay nada personal. Por eso es importante sonreír.
El niño imitó la sonrisa de su padre.
—¿Y si me da miedo?
—El miedo es bueno —respondió él—. Significa que aún valoras la vida… un verdadero lujo en nuestro trabajo.
Le entregó la pistola cargada. El hijo apuntó, temblando.
—Recuerda, hijo, nunca matamos por odio... siempre es por puro negocio.
Disparó. Y la bala dio en el blanco… un maniquí disfrazado de empresario.
—Buen trabajo —señaló orgulloso el padre—. Primera lección aprendida.
Y fue entonces cuando escuchó detrás del como se armaba un gatillo. El padre se giró y vio al niño… apuntándole y sonriéndole.
—Segunda lección —susurró el hijo—: nunca subestimes al aprendiz... sobre todo si la oferta es cuantiosa.
Y mientras le apuntaba, una gran sonrisa iluminó su cara, antes de que resonase el disparo. Recogió el casquillo. Quemaba! Lo soltó mientras mascullaba para sí: tercera lección: usar guantes!
Recogió el casquillo. Quemaba! Lo soltó mientras mascullaba para sí: tercera lección: usar guantes!
ResponderEliminarIncorporada tu frase... gana mucho más con ese final. Muchas gracias
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